ir al INDEX
PAGINANTES
COSAS QUE PASAN
Habíamos ido de camping a Villa Gesell.
Entre los que estábamos ahí, se encontraba Silvina, una chica muy linda,
amiga de Marcelo, que yo la conocía de los cumpleaños y de alguna que otra
reunión que Marcelo había hecho en su casa. A veces, cuando de
casualidad nos encontrábamos por ahí, cambiábamos un par de palabras.
Esa era toda la relación que teníamos. Si es que a eso se le puede llamar
relación.
Los hombres habíamos ido a buscar leña y al volver, la
encuentro sola, llorando.
-¿Qué te pasa, Silvina? -le pregunto.
-No quiero estar acá. Me quiero ir -me dice con la voz
entrecortada.
-Bueno, no te pongas mal. Andate. Para qué te vas a quedar
así -le dije y enseguida me di cuenta de que no eran las palabras que ella
esperaba escuchar, seguía llorando-. Mirá, para serte sincero, yo tampoco la
estoy pasando muy bien que digamos. ¿Querés que nos vayamos?
Esa idea pareció gustarle más. Me miró a los ojos, entre
lágrima y lágrima se las ingenió para esbozar una sonrisa y me dio un largo
abrazo de agradecimiento.
Respondí su abrazo y la besé en la mejilla. Un beso
fraternal podría decirse. Sin ninguna intención rara.
-Gracias -me dijo.
Minutos más tarde, el llanto cesó.
-En realidad, no me quiero ir a casa. Me quiero ir de acá.
No me va la vida de camping. Nunca me gustó. Soy más de hotel 5 estrellas.
No sé porque pensé que esta vez iba a ser distinto -y luego de una pausa
separadora dijo:
-Me dijeron que por acá hay unas cabañas muy lindas, con
una vista al mar espectacular. ¿Querés ir?
No había manera de rechazar la invitación, pero me tomó
por sorpresa y me quedé mudo.
-Uy, disculpame. Olvidate. No sé que estaba pensando. Hacé
de cuenta que no dije nada. Soy una desubicada.
-No, no. Me encantaría ir. ¿Qué esperamos?
Preparamos los bolsos y nos fuimos.
Eran una cabañas totalmente equipada. Hasta yacuzzi tenían.
Nos dimos una ducha. Ella primero; yo después. Compramos unos sandwichs en la
proveeduría y fuimos a comerlos afuera, a un banco largo, tipo de plaza,
que había frente al mar. La noche era clara y cálida.
-Che, gracias por acompañarme. Sola no me iba a ir y
realmente la estaba pasando muy mal -me dijo y la luna llena me permitió ver
la tristeza en sus ojos. -Todo bien. A mi tampoco me
gusta mucho la precariedad de los campings, pero Marcelo estaba tan
entusiasmado y hacía tanto que lo venía planeando que no podía decirle que
no. Así que, yo también te tengo que agradecer a vos. Igual, perdoname que
me meta, pero me parece que la angustia que vos tenías esta tarde, no era
nada más que por el campamento. No sé, me parece que un poco de humo y una
que otra picadura de mosquito, no ameritaban tanto llanto. ¿Me equivoco?
-No, tenés razón. No ando bien. Acepté venir porque creí
que me iba a ayudar alejarme un poco, pero fue peor.
-¿Qué te pasó? Si es que me querés contar.
-Me separé de mi novio hace dos meses y no lo puedo
superar. Es muy doloroso. Llevábamos 5 años juntos.
-Sí, es entendible -le dije sintiendo que tenía la
obligación de decir algo y sin saber nada más inteligente que decir.
-Fue una situación horrible. Pensé que era el hombre de
mi vida. Hacía dos años que se había venido a vivir a mi departamento y
aparentemente estaba todo bien. Un día salgo más temprano de trabajar y
cuando llego al departamento, lo encuentro en "mi" cama con otra
mina. No lo podía creer. Nunca me lo hubiera imaginado. Cuando reaccioné,
armé un escándalo que ni te cuento.Y obviamente, lo eche del departamento en
ese mismo momento.
-Que feo. La verdad que nunca me pasó algo así. No sé
como reaccionaría.
Ella hizo un silencio, tal vez esperando que le dijera algo
más.
-Disculpame. Quisiera decir algo que te hiciera sentir
mejor. Pero creo que serían palabras vacías. Creo que lo mejor en estos
casos, y la única cosa que se puede hacer, es soportar el dolor y
esperar hasta que un día, como por obra de magia, la angustia desaparezca. El
problema es que no se puede saber cuando va a ser ese día.
-Sí, eso me dicen todos y es fácil decirlo. Pero ¿sabés
lo que pasa? Si él hubiera desaparecido de mi vida, capaz que sería más
sencillo. O al menos, eso creo. Pero no me deja en paz. Me va a buscar al
trabajo. Se me aparece en casa. Me manda un ramo de rosas todos los días.
Me llama. Me deja mensajes en el contestador. Me pide que lo perdone. Me jura
y me re contra jura que no va a volver a pasar. Hasta me hizo un pasacalles. Y
lo peor del caso es que sigo enamorada de él. A veces, pienso en todo lo que
vivimos y me dan ganas de perdonarlo. Pero creo que en estos casos, es
necesario dejar el corazón al margen y pensar con la cabeza. Y no hay nada
que me haga pensar que si me engañó una vez, no vuelva a hacerlo. Tal vez,
la próxima vez tendría más cuidado. Pero sé, estoy totalmente segura, que,
tarde o temprano, volvería a engañarme. No puedo perdonarlo. Aunque por
dentro, me sienta morir.
-Sí, yo pienso lo mismo. No se puede perdonar una
infidelidad. No tenés que aflojar. Tratá de mostrarte lo más fría posible.
Que no se de cuenta de que a vos todavía te pasan cosas con él, porque si
no, no te va a dejar en paz. Ahora, ¿vos realmente querés que él
desaparezca de tu vida para siempre?
-Y ya te digo, por dentro, a veces me dan ganas de
perdonarlo. Pero por otro lado, se que lo mejor va a ser que me olvide de él,
porque no quiero volver a pasar por esto. Al menos, no con él.
-Bueno, ese es el problema. Vos todavía no sabés lo que
querés hacer. Porque una vez que estés segura de que no lo querés ver ni en
figurita, lo amenazas con hacer la denuncia por acoso en la policía. Y si te
sigue molestando, la hacés y listo. Ahí se acaba todo.
-¿Y si me decido por perdonarlo?
-Y bueno, vos sabrás. Si esa es tu decisión, vas a tener
que hacer borrón y cuenta nueva y rogarle a Dios que no te vuelva a lastimar.
-Puta, qué difícil que es.
-Y sí, el amor es la cosa más complicada y retorcida del
mundo. Porque no hay libros, ni manuales que uno pueda consultar cuando
no sabe que hacer. Por ejemplo, si estos manuales existieran, vos lo abrirías
en el capítulo infidelidad y ahí posiblemente diría algo así: Si su novio
la engaña, mandelo a cagar. Entonces, vos agarrás, lo mandás a cagar
y santo remedio, a otra cosa mariposa, si te he visto no me acuerdo y seguís
con tu vida como si nada hubiera pasado.
Río de buena gana y apoyo su cabeza en mi hombro. Yo
no pude hacer otra cosa más que rodearla con uno de mis brazos.
-Gracias, de verdad. Muchas gracias. Me siento mucho mejor
-dijo mirándome a los ojos y pude ver que era verdad.
-De nada.
Después de eso nos quedamos callados. Mirando el cielo. El
silencio era total, sólo se escuchaba el sonido del mar. No sé ella, pero yo
sentí una sensación de bienestar que creo que no había sentido antes. No sé
si era porque creía que realmente había ayudado a que ella se sintiera
mejor, o por tener a una chica hermosa descansando su cabeza en mi hombro, o
no sé porque habrá sido, pero me hubiera quedado ahí, sin moverme, una
semana.
Después de dejar caer unas cuantas lágrimas más sobre mi
hombro, se quedó dormida. En algún momento, yo también lo hice y el sol nos
encontró abrazados. Al mediodía, volvimos a Capital, cada uno a su casa.
-Bueno, chau. Gracias por todo. Hablamos -me dijo al
despedirse.
Cuando le conté a Marcelo, lo que había pasado, porque me
había ido tan repentinamente del camping, me dijo que era un boludo.
-Te juro que no lo puedo creer -me dijo indignado-. Te
invita semejante pedazo de mina a pasar la noche en una cabaña frente al mar
y no hacés nada. ¿Te pensás que te invitó para charlar nada más? Debe
pensar que sos puto. Y lo bien que hace. Es más, me parece que tiene razón,
te debes haber vuelto puto. Sí. No hay otra. Te volviste puto. Y bueno, mala
suerte. Pasa en las mejores familias.
-Anda a cagar. Pero, sí, la verdad que tenés razón. Soy
un boludo -le dije para que me dejara de joder. Él jamás me entendería y yo
no quería hablar más del tema. Pero en el fondo sabía que había hecho lo
correcto. Sólo un canalla se hubiera aprovechado de esa situación y yo no lo
soy.
No volví a ver a esta chica. Dicen que al final se
decidió por perdonar a su novio. Sólo deseo, de todo corazón, que no
vuelva a lastimarla. No dejo de preguntarme que hubiera pasado si hubiera
actuado como el común de los hombres. Creo que nunca lo sabré. Y lo más
triste del caso es que aunque ella ya ni se debe acordar de mi;
yo, todavía, cada vez que voy a la costa y escucho el sonido del mar, siento
una lágrima de ella cayendo sobre mi hombro.
Emiliano Almerares
| Visitaron Ediciones Battaglia Virtual (incluído blog) |
Visitaron Rincón Literario |
Visitaron Ediciones Battaglia Virtual (no incluído blog) |
|